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Juan Llabrés Bernal: Bibliotecas públicas

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¿Qué bibliotecas había en Palma hacia 1920? Un ligero repaso: la biblioteca municipal de Cort fue creada en 1935 (Biblioteca Cort). La Biblioteca Pública es mucho más antigua ya que surgió de la Desamortización (1835) para recoger los libros de los conventos que el Estado cerraba. Dependió de la Diputación hasta 1858 (cerca de la entrada del edificio hay una estancia señalada sobre el dintel que le da entrada como "Biblioteca"). Estuvo en el convento de Montesión hasta 1955 cuando pasó a ocupar las dependencias de la Casa de Cultura cerca de San Francisco. En el 2004 pasó al edificio actual Can Sales (Biblioteca Pública de Palma).

Cuando Miguel de los Santos Oliver buscaba información en Palma no citaba la biblioteca pública sino algunas bibliotecas privadas, tal como ayer Carlos Llop citaba las bibliotecas de Vivot y Campofranco como las mejores privadas de Palma (Bustos). Hace pocos días era Bartomeu Bestard quien hablaba de la biblioteca de Can Pueyo en El busto de Augusto y la biblioteca de Can Pueyo (DM, 31/08/2014). Pero en estos artículos el protagonista no es ninguna biblioteca sino un busto romano que se subasta.

También estos días la Biblioteca Pública ha salido en los periódicos debido a que la crisis se ha cernido fuertemente sobre ella y hay menos personal y algunas salas han tenido que disminuir notoriamente sus horarios de atención al público.

Cuando se derribaron la murallas de Palma y se construyó la zona de los Institutos, uno de los edificios portaba en el frontis las letras de "Biblioteca Provincial". Creo que se utilizó como trastero hasta que, no hace muchos años, en 2005, el Ayuntamiento instaló en él una biblioteca municipal, la llamada Ramon Llull que rewcogió los libros de la biblioteca La Caixa que estaba en las avenidas cerca de la plaza de España.

No se habla apenas de las bibliotecas salvo por motivos ajenos, ya la crisis, ya algún busto romano que va a desaparecer. No reciben publicidad alguna, ni reconocimiento pese al buen servicio que prestan. En las televisiones no se habla de ellas ni los bibliotecarios son invitados a alguna tertulia (que suelen tratar generalmente temas políticos o deportivos, que no culturales).

Hacia 1923, año del artículo de hoy, el escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona la celebración de un día dedicado al libro. De ahí nació la celebración del Día del Libro que se celebra en España oficialmente desde 1926 el 7 de octubre y a partir de 1930 el 23 de abril.

Juan Llabrés Bernal publicó en "La Almudaina" de Palma el siguiente artículo donde enlaza la incipiente celegración del Día del Libro con la existencia de bibliotecas públicas.

El Día del Libro y la creación de Bibliotecas Populares

La Real orden del Ministerio de la Gobernación concediendo a la fiesta «Día del Libro Español» la máxima importancia, instituye, entre otras plausibles iniciativas conducentes a inculcar y a mantener la afición a la lectura y el amor al libro en las generaciones que se preparan, la creación con carácter obligatorio por parte de las Diputaciones Provinciales de una Biblioteca Popular en el territorio de su provincia y dispone igualmente que los Ayuntamientos dediquen también a la creación de Bibliotecas Populares una cantidad proporcional a sus presupuestos.

Realmente en nuestro país apenas han tenido estos centros el desarrollo que requiere su alta finalidad. A entidades particulares corresponde la gloria de su iniciativa que ha seguido después el Estado con la implantación de Bibliotecas Populares que en Madrid y otras provincias han obtenido un éxito definitivo. Las bibliotecas establecidas en Figueras, Vich, Olot, Valls y otras ciudades de Cataluña hasta completar el númoro de diez, creadas años atrás aprovechando horas extremadamente favorables a las fundaciones de cultura, es decir las primeras jornadas de trabajo de la Mancomunidad catalana bajo la presidencia de Prat de la Riba, pueden servir de modelo de sistema y organización de esta clase de establecimientos. Y no hemos de olvidar tampoco la «Biblioteca del Pueblo», abierta hace algún tiempo en Barcelona por la «Asociación de la Prensa Diaria», que goza francamente del favor del público y es la primera de una serie que la Federación de la Prensa Española tiene el acuerdo de instaurar en diferentes poblaciones.

La difusión de la cultura es reclamada por un sentimiento de justicia social: el deseo de proporcionar instrumentos de conocimiento a quienes, por la fatalidad de su situación propia, se encuentran apartados de la fruición fácil de los mismos. Y esta difusión de la cultura encuentra, más que en ningún otro, adecuado centro en la Biblioteca y dentro de ella en las Bibliotecas Populares.

Hoy, fuera de las grandes poblaciones, en las capitales de provincia, y Palma en este caso, existen en general dos clases de Bibliotecas: las de los Casinos y Sociedades y la Provincial o del Estado.

Aparte de que las primeras no son públicas en el amplio sentido de la palabra, ya que su acceso está condicionado solamente a los socios, estas bibliotecas, por lo común, son casi siempre reducidas y pobres; el Casino, además de punto de reunión, sirve para otros fines escasamente moralizadores en la mayor parte de los casos; mientras que la biblioteca, por otra parte descuidada, inútil y generalmente desierta, o bien se convierte en una sala más que mostrar al visitante o se contamina del perezoso ambiente de la casa.

Otro grupo de bibliotecas podemos señalar dentro de esta clase y es el de las bibliotecas de las Sociedades obreras de cualquier matiz que sean: cuando en alguna ocasión hemos entrado en una de estas bibliotecas, destartaladas generalmente, y hemos visto aquellos grandes armarios con cartelones que dicen «Filosofía». «Historia», «Ciencias» etc., nos hemos explicado una vez más porque allí no suele encontrarse más que algún viejo, calados sus anteojos, leyendo un folletón y algunos chicos viendo grabados de una revista ilustrada y mugrienta.

¿A qué había de entrar allí el obrero? ¿Qué aliciente habían de tener para él aquellos armarios sin libros atrayentes, aquellos cartelones, aquel cuarto sin confort...?

Y pasemos a las bibliotecas públicas sostenidas por el Estado. Muy cierto es que a la Biblioteca Provincial casi no acuden lectores. Las bibliotecas oficiales están abiertas precisamente en aquellas horas más incompatibles con las obligaciones generales. Cuando el estudiante está en clase, el empleado en su oficina, el comerciante en su tienda y el obrero en el taller, las Bibliotecas Provinciales esperan lectores... y en estas horas ¿quién ha de llegar? Pero aún suponiendo que dichos centros lleguen a abrirse a horas racionales y compatibles con las ocupaciones de todos, o sea en las primeras horas de la noche y (en los días festivos), como se hace en las bibliotecas públicas de fundación particular, ¿acudiría a ellas el público?

Seguramente no y de ello no es él culpable sino la constitución misma de esas bibliotecas y el poco cuidado que se pone en la instrucción de aquél.

Todos sabemos como se han formado las Bibliotecas Provinciales, arrancando sin cuidado ni orden del sitio en que podían prestar buenos servicios, colecciones de libros para conglomerarlos donde apenas pueden ser utilizados. De aquí han resultado algunas interesantes colecciones de bibliófilo que hubieran podido ser más numerosas de haberse hecho la desamortización de una manera menos brutal. Casi ninguna biblioteca del Estado es apta para hacer estudios científicos, y, desde luego, ningún consultorio útil para el artista moderno ni para el obrero manual, por ser sumamente pobres en obras modernas por la irrisoria consignación que a compras se destina y porque aun en Espaüa son rarísimos los donativos de libros y más aún de metálico para adquisiciones, con destino a esta clase de bibliotecas.

Las bibliotecas de Palma entran de lleno en lo expuesto y por eso se deja pues sentir cada vez más hondamente la necesidad de una Biblioteca Popular. Fundar un centro de esta clase es un acto altamente pedagógico. Es una biblioteca para el público medio de la ciudad, para el núcleo de gentes que saben leer, que tienen amor a la cultura y poseen los más indispensables conocimientos, pero que por falta de libros no pueden desarrollar esos conocimientos desde la salida de la escuela y se queda huérfano en la propia vida de aquel consuelo y de los goces de la espiritualidad proporcionados por la lectura.

Para este público están pues destinadas las Bibliotecas Populares cuyo establecimiento por la« Diputaciones y Ayuntamientos se fomenta con tanto ahínco.

(De «La Almudaina»)

Hoy día pedimos a las bibliotecas que lleguen a nuestras casas y el Ministerio de Cultura, hoy mismo, ha subido un vídeo:

No he encontrado información en la web de la Biblioteca Pública de Palma, supongo que ya llegará. Echo a faltar desde que ha comenzado la crisis el pdf mensual en que comunicaban las Novedades que añadían al catálogo.


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