O la del monte o la de la campiña o la del bosque… Me refiero a la del mar porque es la que tengo cerca, en la ribera del dique de poniente, a pocos metros sobre las rocas que baten las olas, unos días suaves y otras levantiscas y con fuerza. ¡Qué limpio y lenitivo el aire salobre para la tráquea, los bronquios y los pulmones!, y mucho mejor si la respiración es la diafragmática. ¡Y cómo huele la brisa marina y las aromáticas oleadas de hinojo, de matas, y de pino tierno que crece en las breves tierras abruptas del litoral.
Y, sin embargo, qué fácil resulta volver a oler normalmente, con su repercusión en el disfrute del gusto. Como he explicado en anteriores artículos, sólo hay que hacer circular aire por la nariz que, siempre, mejor o peor según sea alta o baja la densidad de moléculas olorosas que transporte, activará y regenerará la función del epitelio olfativo que estaba atrofiándose por falta de estímulo.
Para confirmar la eficacia del juego depresión/presión en el circuito buco-nasal, puedo manifestar que quienes vienen a clase de habla esofágica conmigo, están aumentado su capacidad olfativa, y que quienes están siguiendo el método explicado en mis artículos y con los que comentamos realización por internet, me manifiestan su mejoría olfativa.
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