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Los experimentos con gaseosa

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En las próximas elecciones municipales y autonómicas de día 24 de mayo se va a elegir, fundamentalmente, entre dos modelos de gestión económica muy distintos entre si. El modelo del Partido Popular que, con sus errores y aciertos, está sacando el país y a nuestra comunidad autónoma de la crisis, como lo demuestran todos los indicadores económicos; o bien, el modelo de una amalgama de partidos de izquierda, chavistas, independentistas y antisistema; modelo que, por otra parte, ha fracasado en todos los rincones del mundo y que, en muchos casos ha llevado a naciones enteras a la pobreza más absoluta y al desabastecimiento de los productos más básicos.

Es cierto que todavía queda mucho camino por recorrer, pero también es cierto que estamos avanzando por el camino correcto y que ya se están viendo los frutos del esfuerzo realizado. No tendría sentido, y sería un suicidio, a mi modo de ver, bajarnos ahora del carro que nos está sacando de la crisis y embarcarnos en aventuras que nos prometen un paraíso que sólo está en la cabeza de algunos telepredicadores, y en tertulianos reconvertidos a políticos, que jamás han gestionado un presupuesto público y que prometen quimeras irrealizables.

Precisamente por este motivo, es importante recordar donde estábamos antes y donde estamos ahora. Recordar cual era el panorama económico en 2011 y cual es el actual. Y valorar si vale la pena echar por la borda todo el esfuerzo realizado hasta hoy, por seguir los cantos de sirena de oportunistas que hablan muy bien y tienen buena apariencia, pero que nunca han tomado decisiones y hacen programas con calculada ambigüedad para no decepcionar a nadie.

La comunidad autónoma de las Illes Balears en 2011, cuando finalizó la aciaga legislatura del segundo Pacte de Progrés, estaba hundida en la bancarrota. Las entidades bancarias habían cerrado el grifo de la financiación y el Govern dejó de pagar a sus proveedores. De hecho, éstos cobraban (los que podían) a 752 días de media. Todo un disparate que condenó a muchas empresas al cierre y a muchas personas a quedar sin trabajo.

El déficit se había disparado a cifras inasumibles y en progresión creciente. Se consolidó un déficit estructural de más de 1.100 millones de euros anuales. Un despropósito que forzó al incremento descomunal de la deuda pública, que pasó en cuatro años de los 1.700 millones de 2007 a los 5.250 millones de 2011. Si a esta deuda bancaria se le suman los 1.600 millones de facturas que dejaron impagadas a proveedores, que también es deuda, el resultado es que todos los ciudadanos de Baleares en 2011 debíamos unos 6.850 millones de euros. Se cuatriplicó la deuda de la comunidad en apenas cuatro años.

Y mientras la hacienda pública degeneraba en el caos más absoluto, cada día perdían su empleo 69 personas. Más de 46.000 personas perdieron su empleo durante esos larguísimos años de gobiernos del Pacte de Progrés. De hecho, de 2007 a 2011, el índice de pobreza aumentó un 288% según un informe de FUNCAS. Baleares pasó de ser la comunidad con un menor índice de pobreza, a ser la quinta. Los colectivos del tercer sector, aquellos que dedican todos sus esfuerzos a las personas más necesitadas, dejaron de cobrar las subvenciones y los convenios. Y mientras tanto, los presupuestos de la conselleria de acción social se reducían en un 5%, en un ejemplo más de despreocupación y pasividad del Govern del Pacte con quienes peor lo estaban pasando y con quienes con más dureza se había ensañado la crisis.

Cuatro años después, en 2015, la situación es diametralmente diferente. Las recetas aplicadas por el Govern de José Ramón Bauzá están dando sus frutos. Hoy nuestra comunidad es creíble y confiable. Hoy Baleares se puede financiar con total normalidad. Los proveedores están cobrando a una media de 36 días. En cuatro años han pasado de cobrar a 752 días a hacerlo a 36. Además, a través de tres sucesivos mecanismos extraordinarios de pago a proveedores se han podido saldar los 1.600 millones de impagos que dejó el Pacte de Progrés.

Hemos reconducido el déficit, mediante un riguroso control de los gastos y con una serie de medidas de racionalización de los recursos. De hecho, en el año 2015 cerraremos con un déficit público de apenas 195 millones de euros, muy lejos de los más de 1.100 millones con que se cerraban los ejercicios económicos los años del Pacte de Progrés. Y contrariamente a lo que vaticinaba la izquierda, este control del gasto, ha servido de palanca para levantar una economía que estaba en una profunda depresión. Baleares ha pasado de un crecimiento negativo de -3,9% en 2009 a una previsión de crecimiento, según el BBVA, del 2,8% del PIB en 2015, además de llevar 29 meses consecutivos reduciendo las cifras de paro y 23 meses creando ocupación neta. De hecho, según la EPA hay 40.000 personas más trabajando hoy en comparación a los datos de 2011.

Las políticas puestas en marcha por el Partido Popular han revertido una situación caótica y han colocado nuestra economía en la senda de la recuperación y de la reactivación económica. ¿Queremos de verdad cambiar el rumbo? ¿Queremos probar otras políticas, cuando es evidente que las que se han aplicado, están dando buenos resultados y nos están sacando de la crisis? ¿Queremos hacer experimentos y poner en riesgo nuestra recuperación económica y la dinamización de nuestras empresas? ¿Queremos apostar por un modelo de izquierda radical que ha hundido naciones enteras? Los experimentos se hacen con gaseosa. No nos podemos jugar el futuro de nuestros hijos.

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